martes, 27 de octubre de 2009

Factores y Funciones del Lenguaje

El diálogo supone que existe comunicación. Para entender el sistema de la comunicación literaria, primero hay que señalar en qué consiste la comunicación no literaria o habitual (propia de la vida cotidiana). Esta será el intercambio comunicativo (envío y recepción de mensajes) entre, al menos, dos hablantes.
Cada vez que nos comunicamos, entran en juego seis factores: un emisor envía un mensaje a un receptor o destinatario a través de un canal que sirve de contacto entre ambos. Este mensaje es construido de acuerdo a un código que, para posibilitar la comunicación, debe ser común al emisor y al receptor, de modo que el mensaje puede ser codificado y decodificado. Este mensaje es emitido dentro de un contexto de referencia, es decir, un contexto que define las relaciones que existen entre el mensaje y el objeto o realidad a la que alude.
Es importante tener en cuenta que el código no solo es lingüístico, sino que también existen otros como el alfabeto Morse, el lenguaje de sordomudos, las señales del tránsito, etc. Tal como revisaste en el módulo de Lengua Castellana, no solamente nos comunicamos con palabras, sino que existen otras formas de comunicación, como los gestos o las distancias.
A continuación, te presentamos una situación comunicativa, para que te acostumbres a identificar los factores presentes en ella.
Lunes, sala de clases, 9:45 de la mañana.
Andrés: “Juan, tengo hambre”.Juan: “Yo también, ¿cuánto falta para el recreo?”Andrés: “No sé, pregúntale a Pedro”.
En el ejemplo anterior, Andrés es el emisor del primer mensaje (“Juan, tengo hambre”), y Juan es el receptor, pues va dirigido a él. Andrés, en tanto emisor, seleccionó ciertos aspectos del código, en este caso, la lengua española, para construir su mensaje que pudo ser entendido por Juan, ya que ambos manejan este código. Si Andrés se hubiera comunicado con señas, el código sería distinto. El mensaje fue recibido ya que el canal, el soporte físico o medio a través del cual se transmitió, permitió el contacto entre ambos hablantes. En este caso, el canal está determinado por las ondas sonoras porque es una conversación oral. Cuando Juan le responde a Andrés (“Yo también, ¿cuánto falta para el recreo?”) se transforma en emisor de un nuevo mensaje y Andrés en receptor de él. En consecuencia, en la comunicación habitual los roles de emisor y receptor pueden intercambiarse. El contexto del mensaje corresponde a aquellos elementos a los cuales el mensaje se refiere. Por ejemplo, cuando Andrés le dice a Juan que le pregunte a Pedro, se refiere probablemente a algún compañero de curso. La palabra “Pedro” alude a una realidad no lingüística: una persona.
En el siguiente esquema, aparecen organizados los factores de la comunicación:
CONTEXTO ↓ EMISOR → MENSAJE → RECEPTOR↑ CANAL ↑ CÓDIGO
Cada uno de estos factores va a determinar una función del lenguaje, que tiene que ver con la importancia que cada uno de ellos adquiere en una situación comunicativa:
REFERENCIAL ↓ EMOTIVA O EXPRESIVA → POÉTICA → APELATIVA O CONATIVA↑ FÁTICA ↑ METALINGÜÍSTICA
Las funciones del lenguaje:
La función centrada en el emisor se denomina emotiva o expresiva, y manifiesta la actitud de éste frente a lo que está comunicando. Ejemplo: “¡Qué mal me siento hoy!”, “Estoy enamorado de ti”, “Tengo pena”, “No estoy de acuerdo con este tema”, etc.
Cuando lo que interesa es llamar la atención del receptor, estaremos frente a la función apelativa o conativa. Esta función se manifiesta, sobre todo, en la utilización de vocativos y del modo imperativo. Ejemplo: “¿Quieres ir al cine conmigo hoy?”, “Abre la puerta, por favor”, “Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que esto está mal hecho, ¿no?”, etc.
La función que se centra en el contexto es la función referencial, cuyo acento está puesto en las relaciones entre el mensaje y el objeto al cual éste se refiere. Como veremos más adelante, es una función principalmente denotativa.
Cuando el acento está puesto sobre el código que se utiliza en la comunicación, predomina la función metalingüística. El prefijo meta- quiere decir “más allá”, por lo tanto, metalingüística será toda reflexión que, además de utilizar el lenguaje para comunicar, buscará hablar acerca del lenguaje mismo que se utiliza para dicha comunicación. Cada vez que queremos constatar que emisor y receptor utilizan el mismo código, estamos en presencia de esta función. Ejemplo: “La metáfora constituye un uso figurado del lenguaje”, “Las palabras son necesarias para la comunicación lingüística”, una definición del diccionario: “fatuo, tua. adj. Necio, tonto. Ú.t.c.s. Ridículamente engreído o vanidoso. Ú.t.c.s.”
La función fática se centra en el canal que permite el contacto entre emisor y receptor. Por lo tanto, ella predomina cada vez que se quiere establecer, interrumpir, prolongar, o verificar la comunicación entre los participantes. Ejemplo: “Aló, aló, parece que se cortó la comunicación, ¿me escuchas?”, “Entendido, cambio y fuera”, “Aló, ¿me copia?”
Cuando la atención del emisor se centra el mensaje, estamos en presencia de la función poética. El acento no está puesto en lo que se dice (que correspondería a la función referencial), sino cómo se dice. Es el predominio de esta función sobre las otras lo que es propio de la obra literaria.
Es importante señalar que en un mismo texto podemos identificar más de una función, pero éstas siempre se disponen de manera jerárquica, es decir, predomina una sobre las otras. Esto nos permitirá más adelante, establecer un criterio de clasificación de los mensajes literarios en los llamados géneros teóricos.
1.2. Ejemplo de comunicación literaria
Observa el siguiente ejemplo:
“Stan, pequeño y desgarbado, entró en la oficina. La habitación estaba iluminada por el sol que entraba a través del ventanal. Marlowe se acomodó en su sillón, tras el escritorio viejo y oscurecido por el polvo y el hollín.
—¿Cómo supo mi número? —preguntó el detective, mientras con un gesto invitaba a Stan a sentarse.
—En verdad, señor Marlowe, lo tomé al azar de la guía.
Marlowe encendió un cigarrillo y echó su cuerpo hacia delante.
—¿Pidió referencias? ¿Sabe al menos quién soy?
—No. No lo hice. ¿Qué importa eso? Usted anda en este trabajo desde hace muchos años, según me dijo por teléfono. Si me gusta lo contrataré.
—No es un buen procedimiento, señor Laurel. Usted es un hombre famoso. Podría pagar los servicios de una agencia.”
Osvaldo Soriano: Triste, solitario y final. Santiago, Pineda Libros, 1974.
Habíamos definido la comunicación habitual como el intercambio comunicativo (envío y recepción de mensajes) entre, al menos, dos hablantes. ¿Qué pasa con la comunicación literaria? Si observas el ejemplo anterior, te darás cuenta que hay dos niveles de comunicación. Por una parte, tenemos un mensaje codificado por el autor, en este caso Osvaldo Soriano, del cual nosotros (pero eventualmente cualquier persona que lo lea) somos los receptores. Pero este mensaje configura un mundo que corresponde al orden de la ficción, en el cual encontramos representada otra situación comunicativa: una conversación entre Marlowe y Stan Laurel. Por lo tanto, la ficción literaria no es entonces solo la ficción de los hechos referidos, sino la ficción de una situación comunicativa lingüística completa.

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